Heredar una casa no es recibir una casa: es asumir unos plazos y unos impuestos que corren desde el fallecimiento, se sepa o no. Y quien hereda suele enterarse tarde y mal.
Es donde más se complica. Vender exige el acuerdo de todos, y una casa vacía sigue generando gastos —IBI, comunidad, suministros— mientras se decide. Cuanto antes se ponga un precio real encima de la mesa, más fácil es que el acuerdo llegue.
Para eso lo primero es saber cuánto vale: la valoración es gratuita. Si el trámite exige una tasación oficial, la firma un tasador homologado y te la gestionamos con una tasadora colaboradora.
Los plazos son limitados y empiezan a contar desde el fallecimiento, aunque existe la posibilidad de solicitar prórroga. Conviene no dejarlo correr.
Sí, una vez aceptada la herencia y hecho el cambio de titularidad, y con el acuerdo de todos los herederos si sois varios.